Por José María Suárez Gallego

Maestre prior de la Orden de la Cuchara de Palo.

Me decía mi contertulio el “Caliche”, no hace mucho tiempo en mi corresponsalía de barra de Las Tinajas, de Guarromán, desde su gastrosofía de viejo minero y perrero astuto, de “cazaor de nariz torcía”, criado en la sierra a la luz de sus vientos y al aire de sus lunas y sus estrellas: “Hay un tipo de viejos al que nos jubilan nada más que de papeles. Somos como el conejo de noviembre, el que ya no es gazapo ni bellotero, el viejo de otoño, harto de que le petardeen la madriguera, pero sin dejar de salir a corretear el campo despistando perros y esquivando los últimos cartuchos de la veda abierta. Esos que cuando caemos, porque usted sabe que todos acabamos cayendo, nos tienen que guisar en salsa de barrillo de Carboneros, como a los duros de pelar, para que nos puedan pasar por las tragaeras de la vida, esos que yéndose no se han ido del tó, porque siempre hay quien recuerde el higadillo majao y frito del haber vivío mucho, pero sin que amargue, por haberlo vivío contento”.

¡Ese era Pepe Vica (Don José Villar Casanova) cada día que escribía y dibujaba en este bendito periódico!

A nuestro recordado Pepe le concedimos nuestro premio de la Cuchara de Palo en 1992, en la segunda edición de estos premios, junto al entonces Príncipe de Asturias, hoy S.M. el Rey Felipe VI. Al monarca el premio nacional en aquel año emblemático, y a Pepe Vica el premio provincial, más cercano y más nuestro. El premio, una cuchara de palo pegada a una metopa de madera, con su placa conmemorativa, se lo entregamos en una comida en Casa Vicente, la de entonces en el casco viejo y entrañable de Jaén.

Pepe nos habló, haciendo gastrosofía pura, del eufemismo que encerraba “entregar la cuchara”, “irse al otro barrio”, pero que los caballeros comendadores de la Cuchara de Palo teníamos un privilegio que no tenían otras personas, y es la de llevarle a los gusanos una cuchara para que nos comieran como Dios manda, y no con las manos.

Durante una década los Premios Nacionales de la Cuchara de Palo consistieron en una caricatura de Vica enmarcada, que era un doble premio para quien lo recibía, como así nos lo hicieron saber muchos de los premiados.

Coincidíamos con él todos los años en la inauguración de las Jornadas Gastronómicas de Juanito y Luisa, en Baeza, de las que era un ferviente degustador y admirador. Conservo de él varias caricaturas que me hizo a través de cuarenta años de amistad, pero la que más valoré fue la de mis padres cuando cumplieron sus bodas de oro.

Este año malaje de 2020 la Orden de la Cuchara de Palo ha cumplido treinta años. Todos nuestros actos conmemorativos se nos han ido al traste por el virus. Lo vamos a suplir por la edición de un libro con las recetas entrañables y emotivas de los comendadores de la Muy Ilustre y Noble Orden de los Caballeros de la Cuchara de Palo con los que en estos treinta años hemos tenido el honor de compartir mesa, mantel, esclavina granate, medalla, cuchara, y gastrofraternidad. La pipirrana de Jaén, Pepe, con el paisaje y el saboraje de tu Brisa de la Alameda abrirá plaza en este libro, a portagayola y la montera “calá” hasta las cejas, como los grandes.

Pepe Vica, no te has ido, te tenemos vivo en el corazón y en la hemeroteca de Diario Jaén. Espero que algún día nos enseñes la caricatura que le hayas hecho a Caronte, el barquero “asaura” que te ha cruzado al otro lado del rio de la vida. ¡Feliz eterno viaje, Comendador!

© José María Suárez Gallego

Publicado el domingo 6 de diciembre de 2020 en el suplemento dominical de Diario JAÉN